El techo de mi casa es... personal?


La verdad es que podría haberme, perfectamente, estrujado el seso mejor en buscar un título filosófico para lo que quiero plasmar sobre este teclado, pero.. es lo primero que me ha venido a la cabeza..
Lo que quiero decir llevo ya mucho tiempo pensándolo, pero tampoco me había preocupado por escribirlo.. ¡ahí va..!

Resulta que una vez, mirándome al espejo de mis circunstancias, en una época en la que observaba a través del espejo las contingencias que me apresaban y me abordaban día a día, me invadió un pensamiento bastante embriagador, pensamiento que me retrotrajo a una época en la que la inocencia enmascaraba mi realidad y la hacía tan proclive a la felicidad que cuando la máscara desapareció se me vinieron a la cabeza todas las certezas y todas las dudas nuevas marcaron cómo comencé a ver las cosas entonces.. hace tanto, casi que fué ayer..
Resulta que en su momento el ser humano vivía sin un techo que le cobijara.. o por lo menos no un techo fijo, robusto, artificial, construido para protegernos de lo.. ¿natural?
No hace mucho me aventuré en bici un día en el que el chaparrón que tocó a la puerta del camino que me tocaba recorrer fue mayúsculo.. en realidad era una cosa natural, simplemente agua que caía, como siempre, con más o menos fuerza pero.. en definitiva agua, el disolvente universal y en el que confiamos para limpiar, lavar, renovar, purificar todo en nuestra vida..
En ese momento hubo muchos que me decían.. "¿cómo se te ocurre?" "pero ¿por qué no me dijiste que te llevara en coche?" "¡que te vas a mojar!" (obvio.. ¿no? je!).
Algún otro me dijo que realmente no era para tanto, y no lo fue.. claro que no lo fue.. sólo era agua, agua natural cayendo.. luego, al llegar a la "seguridad" de mi casa, bajo techo, utilicé agua domesticada, que corre y cae por donde queremos.. a nuestro antojo, casi siempre.. utilicé agua para limpiar mi cuerpo.. qué cosas.. normal, ¿no?
Imagen tomada de: http://yosoyeadd.blogspot.com.es/2012/11/la-mente-sin-ataduras.html
Imagen tomada de:
http://yosoyeadd.blogspot.com.es/2012/11/la-mente-sin-ataduras.html


Volviendo al tejado.. ¡o mejor dicho! al techo.. ¿qué es el techo sino un límite que ponemos..? es igual que los muros.. son obstáculos al paso..
Un muro es una construcción artificial del hombre para evitar que las cosas, las personas, la luz, la oscuridad, el/la/lo, todo eso y más, pasen de un lado a otro.. también es algo que nos impide emocionalmente avanzar, si queremos pasar, pero que nos protege si queremos permanecer, o que nos apresa si queremos ser más libres de lo que somos, si hacemos más de lo que se presupone que debemos.. bien o mal, pero en definitiva que nos impide salir si hemos hecho lo que no debíamos según lo admitido por tod@s en el momento que ocurra..

Los valores no son invariables y no tienen nada que ver con lo que está bien o mal, tienen que ver con lo que se acepta por el grupo en cada momento de la historia, en cada segundo que nos toca compartir con más seres la realidad que nos aborda cada minuto que nos ha tocado existir.

Valores.. ¿qué son los valores sino la vía artificiosa de limitar nuestra libertad, albedrío, creatividad emocional...?
Los valores nos los creamos, asumimos, transmitimos, inoculamos desde niños, pero sobre todo nos los construimos..
Los valores sociales está claro que casi todos sabemos convivir con ellos, en mayor o menor medida, incluso aunque los odiemos y critiquemos, pero siempre se puede decir que son de "otros" y que por ello no nos gustan, pero.. ¿y los valores personales, íntimos, propios, los que nos hemos construido y moldeado según los designios y caprichos de cada uno de los segundos de nuestra existencia..?

En el fondo los valores son nuestros muros y nuestro techo, el lugar donde nos encontramos seguros, algo artificial que nos ayuda a soportar la levedad de nuestro paso por la historia de nuestra misma existencia, pero que nos marca un límite, un horizonte palpable y etéreo a la vez.. pero.. varios temas a colación:

Una casa con muros muy gruesos, con muchas puertas para poder llegar a la estancia donde se encuentra nuestro YO, nosotros, con techos muy cerrados, muy gruesos y cercanos a nuestra cabeza.. ¿puede realmente resultarnos claustrofóbica..? ¿puede matar nuestro YO? Esconderlo tras tantas capas acaba no mostrando puertas afuera quienes somos realmente o quienes querríamos ser.

Cuanto más nos limite el techo de esta casa, a menos aspiraremos a llegar, ¿no? ¿Cuánto estamos dispuestos a perder por construirnos valores que nos limiten la creatividad emocional y de comportamiento..?

¡Claro..! la necesidad que tengamos de seguridad, esa necesidad que habremos ido construyendo desde niños, que nace de la materia prima que nos transmiten nuestros padres al nacer, que se cuece a fuego lento con las circunstancias del lugar y de las cosas que nos pasan donde crecemos, que se maceran con las experiencias que vamos viviendo conforme vamos siendo cada vez más autónomos, cada vez más maduros, cada vez más inmaduros, realmente, porque vamos comparándonos con referencias más elevadas conforme crecemos..
Esa necesidad de seguridad nos hará que nos construyamos casas con unas u otras características, con más o menos muros.. con techos más o menos altos, con más o menos luz entrando por las muchas o pocas ventanas..

¿Nos hemos planteado alguna vez por qué aspiramos a un tipo de pareja?
Cada uno nos lo hemos planteado, consciente o casi siempre incoscientemente, pero.. cuando miramos a una persona por la calle, directamente analizamos sus características y las comparamos con nuestro techo.. allá donde supuestamente podemos llegar, creemos que podemos llegar..

Yo decido comenzar a buscar el raso como zona que se abra a mis ojos cuando decida mirar hacia arriba, cuando me apetezca soñar..

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